Mina, el valor de la valentía

Un día Mina me confesó que está enamorada del mundo

Desde cualquiera de las seis estaciones repartidas por Nueva Colonia el viaje hacia East Ravine siempre se hacía pesado y agotador. El largo trayecto y los constantes ruidos del tren terminaban por desesperar a los pasajeros que no lograban descansar lo suficiente. Por ello cuando Mina Hurria alcanzó su vagón cerró con cautela la puerta adaptando su movimiento a la resistencia de la entrada del viejo tren. Era medianoche y el cansancio recorría todo el cuerpo de la joven hasta tal punto que había consumido sus fuerzas para percibir con nitidez lo que le rodeaba. Con un movimiento más mecánico que consciente tomó una botella de agua que estaba en frente suya, se mojó los labios y cayó desplomada del sueño en su asiento.

Décadas más tarde de aquel viaje un escritor curioso conocido como Jordan Suthó de la bahía de East Ravine había logrado recopilar la suficiente información como para escribir una biografía sobre la joven de la tribu Hurria. Tituló su obra, «Mina, el valor de la valentía». Jordan no recordaba si había entablado alguna conversación con Mina. Con frecuencia los jóvenes de la bahía y de las colonias se juntaban en pubs y fiestas y él había conocido a muchas muchachas hurrias. Pero las jovenzuelas se convertían en mujeres irreconocibles del día a la noche y eso despistaba a Jordan. El tendía más a recordar los testimonios que escuchaba para inspirarse y escribir sus obras. Pero lo que más frustraba al escritor era la incertidumbre que roía su ser, ¿era Mina un personaje ficticio del que se había enamorado platónicamente o todos los sureños de la costa se burlaban de él por ser un escritor reprimido que no aportaba al floreciente capitalismo? Sea como fuera, siempre que Jordan bajaba al muelle de East Ravine todos mencionaban el nombre de Mina, todos querían hablar con ella, todos la querían y le llamaban hermana. En cierto sentido el escritor llegó sentir envidia por el clamor y la estima que recibía aquella enigmática joven.

Aquel fue el último tren que cogió Mina hacia East Ravine. El último porque nunca llegó a su destino. El tren había tenido un accidente y la joven Hurria fue una de las pocas víctimas mortales de aquel trágico viaje. Y con aquel suceso se renovaron todas las infraestructuras ferroviarias tanto de las colonias para la explotación de minerales como los escasos trenes destinados al transporte de pasajeros en Nueva Colonia.
Aquel día regresaba Mina de Memleka, lugar dónde se asentaba su tribu. Junto a otros jóvenes habían logrado establecer un entendimiento entre las poblaciones tribales de Zekut, Jorulla y Hurria para construir dos hospitales y varios colegios comunales de secundaria. Las obras empezarían la siguiente semana.

La joven Mina era liderazgo en su mayor esplendor. Tenía mucha autoconfianza y siempre se veía segura de sí misma. Sus decisiones eran contundentes y su implicación contagiaba a quienes la rodeaban. Pero lo que más caracterizaba a Mina era su feroz valentía y personalidad. En la biografía, Jordan analizó las semillas de esta actitud tan cautivadora y concluyó que la infancia de Mina fue un factor determinante que moldeó su carácter. La joven Hurria había quedado huérfana apenas con quince años y tomando el testigo de su madre se convirtió en partera. En sus manos Mina recibía con ternura del Dios Luz los bebés que llegaban al mundo. Y no solo ayudaba a las embarazadas de su tribu, sino que también con frecuencia visitaba a las futuras madres de las tribus vecinas. Y antes de que ella formara su propia familia se aseguró de que todas las comunidades de alrededor de Memleka tuvieran al menos una comadrona.

Cuando Mina creció y formó su propia familia siguió profundamente implicada en el progreso de su región y se convirtió por méritos propios en una de las cabezas del movimiento anticolonial. Y a pesar de que muchas personas le habían contado que la vida como madre limitaba a realizar muchas cosas, Mina fue unas de las primeras mujeres africanas que se unió al movimiento de la metrópoli contra la corona en apoyo a sus compañeros de la universidad. La joven Hurria quebraba su voz por la justicia y su actitud invitaba a la cooperación haciendo evidente que los cambios tan solo se logran con el movimiento de las masas, con la unión de las personas. Por ello mismo Jordan comenzó la biografía con una de las citas de Mina: “No tenemos tiempo para perder sino es para descansar de sentirnos realizados”.

En el último viaje del antiguo tren de Nueva Colonia con destino a East Ravine en el cual Jordan Suthó viajaba, el escritor se dio cuenta de que una esbelta joven con rostro cansado se disponía a sentarse en el mismo vagón que él y justamente enfrente suya. Jordan hizo un ligero movimiento de cabeza en señal de asentimiento y a la vez de saludo. La joven no se percató de ello. Sin pronunciar ni una palabra y sin esperar nada a cambio Jordan Suthó acercó su botella de agua para que la joven que se acababa de sentar pudiese beber.

Publicado por lamagiadeladiversidad

Anécdotas de u mundo sin fronteras.

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